
La noticia me derrumbo por completo, en un momento la esperanza se perdió para no volver nunca más, estabas ahí, inerte, sonriendo, fría. Lo demás no lo recuerdo muy bien, mi mente divago en muchos espacios sin sentido, en muchos escenarios teatrales, en muchos futuros alternos.
El tiempo paso sin compasión y sin permiso, yo seguía extrañándote, no sé si ha pasado un día o un siglo pero siguen doliéndome los ojos de no verte y las manos de no acariciarte la frente. Las cosas cambiaron más de lo que imaginabas, pero no es para menos, siempre fuiste el catalizador de las emociones y sentimientos de los que amabas.
Se rumora que estas en un lugar mejor y que allá vives sin preocupaciones, sin angustias y sin miedos. Por ello me he vuelto fanático de mirar de vez en vez el cielo y en mis delirios imagino que un día cualquiera podré verte pasar detrás de alguna nube o entre las estrellas, pero cada vez bajo la mirada en la misma decepción.
Los extraños no dejan de repetir frases optimistas y yo les escucho porque me enseñaste a ser educado, pero cada vez suena más vacio y mas descorazonado. Este año ha hecho más calor y recuerdo todos los raspados que comimos, he buscado el mismo puesto pero ya no saben igual sobre todo el de tamarindo, está más simple que nunca.
Tengo muchas cosas que decirte, pero francamente no sé si me escuchas o me lees, así que las guardaré aquí en el espacio de mi corazón donde tengo nuestros recuerdos.
Te amo mamí.